Papuchis - Juan Manuel Correal | ¿Cómo así que el dolor es mi maestro? a mí que me expliquen
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¿Cómo así que el dolor es mi maestro? a mí que me expliquen

amor

07 Nov ¿Cómo así que el dolor es mi maestro? a mí que me expliquen

El cáncer resolvió llegar a este planeta para quedarse; y al parecer, su dinámica es visitar cuerpos vulnerables.

Se me ocurre que para hacerlo más fácil comencemos por definir el dolor como un visitante en tu vida que viene para darte la oportunidad de probar tus fuerzas

Como a nuestra casa, que de repente nos llegan visitas inesperadas que a veces son fabulosas y otras veces no tanto; así como cuando llegan noticias que no nos gustan y que cuando digerimos bien nos comienzan a doler.

Nadie en la vida está esperando con ilusión la llegada de un desconocido para anunciar por ejemplo, la desaparición o la muerte accidental de un ser querido.

Y esto en el acto inmediato descompone a cualquiera, lo confunde y desata toda clase de emociones de dolor, tristeza y hasta ira.

¿O Qué tal la reunión familiar para anunciar el diagnóstico de un cáncer?

Algo que en la actualidad pareciera hacer parte de la experiencia de dolor en cada familia.

Porque específicamente, el cáncer resolvió llegar a este planeta para quedarse; y al parecer, su dinámica es visitar cuerpos vulnerables, debilitados y cansados por vivir soportando la carga de la cotidianidad, atendiendo las exigencias de un mundo gobernado por el ego.

Un cuerpo sobrecargado de ocupaciones, angustia, estrés, preocupación, ansiedad y prisa se convierte en una víctima fácil para una enfermedad como el cáncer, la diabetes, un infarto, un virus contagioso, una neumonía, una depresión intensa, o un derrame cerebral.

Y con ellas, muchas veces el colapso de un ser humano valioso lleno de virtudes y valores que se debilitó frente a un adversario que se alimenta de nuestros miedos y temores.

Desafortunadamente continuaremos conviviendo con estos dragones mientras aprendemos a vivir la vida y a disfrutarla desde el amor, la alegría, la felicidad y tantos valores de vida que nos permite encender la luz a cambio de apagarla obedeciendo innecesariamente las instrucciones del mundo.

Esta información no viene sola; con ella llega el dolor

Mi recomendación, desde la experiencia con dos de estos forasteros que vinieron juntos a visitar mi vida al mismo tiempo; un cáncer que se llevó a mi mejor amigo; mi padre, y un derrame cerebral que hoy honro desde los más profundo de mi alma.

¿Duele verdad? Duele perder un padre o una madre; y más duele perder un hijo.

Es triste, frustrante y en ocasiones inaceptable, como cuando es otra persona quien violentamente arrebata su vida.

¿Pero qué hacer si ya ocurrió o está ocurriendo?

Pues es hora de decirte que tienes dos opciones: Sufrir o aprender.

Si eliges sufrir el dolor será más intenso y provocará otra serie de emociones que te harán más daño.

Pero si eliges aprender, se encenderá la luz del camino correcto.

Comienza por no decretar a la muerte o a la enfermedad como tu enemigo y aceptar su visita desde el amor de Dios.

Luego de arrepentirte por haberlo juzgado, puedes convertir ese dolor en un gran maestro de tu vida.

Si. El cáncer, el derrame cerebral, la muerte de la persona que más amas, la quiebra económica, la división de tu hogar, o el dolor de ver cómo la humanidad se destruye con actos de injusticia y de violencia, pueden ser solo el 10%.

El 90% es lo que tú hagas con ello.

Quiero repetir las palabras del padre Jorge Mario Naranjo, amigo nuestro, que nos dijo: “Dios no envía las enfermedades; pero las aprovecha”.

Quizás si nunca te llega ese diagnóstico clínico que se convierte en sentencia, no despertarías tu fe para acercarte a Él a pedir tu sanación.

Recuerda que las amenazas despiertan la creatividad. Recuerda también que somos una vasija de barro que se forja en el horno para convertirse en oro.

Aceptar la partida de alguien es aprender del desapego y soltar con amor a esa persona para que su alma se eleve.

El sufrimiento retiene, el dolor libera.

La rabia enferma, el dolor sana.

El rencor daña, el dolor perdona.

¿Ves cómo puedes convertir el dolor en un gran maestro para tu vida?

Te invito a recordar de tu etapa de formación en el colegio o la universidad a aquel profesor que fue un maestro para ti.

Estoy seguro que elegirás al que te exigió; a aquel que creyó en tus capacidades y te llevo a esforzarte más para sacar lo mejor de ti.

Pues bien, así es la universidad de la vida.

Llena de maestros vestidos a veces de circunstancias y a veces de condiciones de salud.

Ellos están en tu vida para dejarte grandes enseñanzas, no para hacerte sufrir. Esa sería tu elección.

Desde la maestría del amor, Habla con tu problema, con tu enfermedad y con tu dolor; y diles que honras su visita.

Que tomas su enseñanza y le agradeces por lo que trajo. Pero también dile que a partir de ahora le sueltas, le liberas y le dejas en manos de Dios.

El Amor es el gran maestro de dolor. Pero recuerda siempre que el maestro aparece cuando el alumno está listo.

Hakuna Matata!

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